De la cuna a la tumba, la vida de Jesse Owens fue una incesante carrera de obstáculos. Superó la pobreza, el racismo, la enfermedad, y batió todos los récords de velocidad y salto de longitud para acudir a las Olimpiadas de Berlín, donde, bajo la atenta mirada de Hitler y contra los prejuicios de su propio país, conquistó para Estados Unidos cuatro medallas de oro.